lunes 15 de septiembre de 2008

La melonera



Desde que supe que daban una rodaja de melón, había tenido ganas de correr esta carrera. El año pasado no pudo ser, por estar lesionado. Aunque no pude dejar de pasar a animar a los corredores y a saludar a algunos compañeros de correrías.

Este año, tras los meses de verano "La melonera" se presentaba como una una carrera más que conveniente para empezar la temporada, ya que a su melón, gratuidad y buen ambiente, se añadía el ser una carrera entorno a los ocho kilómetros, cosa que mi renqueante pierna derecha sabría valorar como era debido.

No obstante, por caprichos del destino y la organización, la distancia se estiró hasta los 10.390 metros. Una distancia rara, pues se entiende que la quisieran hacer de 10.000 metros para darle "brillito". Pero ¿10.390? Quizás es que los de AD Marathon, por deformación profesional, pensaran que si la maratón son 42 km. y un poco más, ¿por que no añadir un rabillo a un diez mil? El caso es que no me iba a amilanar por eso y allí me lancé de cabeza, no sin antes proteger mi pierna derecha con senda muslera y rodillera.

La salida desde el centro Hipercor estaba llena a rebosar. Algunos corredores charlaban entre si mientras otros se dedicaban a calentar y estirar. Yo, por mi parte, me puse a calentar y di unas vueltas al rededor de los edificios de oficinas colindantes, realizar los estiramientos de rigor y echar un ojo por si veía a alguien conocido. Busco si hay algún punto de avituallamiento para acompañar la barrita energética con algo de agua. Pero no hay. Claro, el precio, 0 €, no da para este detalle.

Sonó como un disparo y nos pusimos en posición de salida. La masa de corredores iba avanzando lentamente, literalmente pisándonos los talones unos a otros, hacia la línea de salida. Dicen que cinco mil corredores había en línea de salida. Cuando pasé la raya blanca que marcaba la salida, puse el cronómetro y miré a frente. la cabeza de la carrera extendía su mancha por las orillas del parque Tierno Galván, con gran ansiedad de corredores que hace inevitable el correr por las aceras (¿por qué no nos metemos en él en vez de pasar por entre anodinos edificios de oficinas?). Tras pasar por los aledaños del parque nos metemos en el túnel que pasa por debajo del mismo, no sin antes afrontar en la calle Meneses el primer repecho de los muchos que tendrá la carrera.

En el túnel, gritos a ritmo de ola, "eeeeEEEEEEeeee ...eeeeEEEEEEEEeeeeeeee.....eeeeeEEEEEEEEEeeeeeeee" que hacen que el paso por el túnel sea alegre y divertido. Salimos del mismo y enfilamos Embajadores. Algunas personas animando. Hace sol, pega. Empiezo a tener sed. Me apunto para la próxima traer mi propia botellita de agua.

Van pasando los kilómetros, y las pulsaciones son altas. El ritmo ligeramente por encima de los 6 minutos kilómetro. Y mientras la rodilla que si sí que si no. Alguna cuestecilla que otra, y empieza el gran subidon, un terraplén de la leche antes de desembocar en Paseo de las Acacias. Meto primera y salgo sin echar pie a tierra. El Paseo de las Acacias se hace interminable, con los coches y autobuses echando humo a nuestra izquierda. Nos han reservado el carril bus y el atasco es monumental. Esta parte se me hace desagradable. No es solo la cuesta, es que el tráfico hace que todo esté fuera de contexto. No parece una carrera, sino otra cosa.

Tras salir del embrollo, enfilamos de nuevo las calles del barrio de Arganzuela. Hay más gente animando. Se agradece. Y sigo a ritmo constante, como un diesel, de poco más de 6 minutos el kilómetro, pero eso sí, las pulsaciones bastantes altas, sobre los 170 latidos por minuto. Tengo sed y se me hace largo llegar hasta el punto de avituallamiento. En cuesta. Acelero un poco, pues hasta mí llega la frase de "son los últimos..." y no es cuestión de correr a palo seco. Cojo mi botellita y bebo con fruición. Pienso en los que se van a quedar sin agua. Estos detalles hay que cuidarlos, pues son imperdonables. Precisamente son los últimos los que más la necesitan y se van a quedar sin ella.

Seguimos en carrera, pasamos el punto de los 8 km. y mi pierna me da un aviso para recordarme que ese era el trato. Pero no le hago caso. Sigo y al poco enfilamos Yeserías. Allí me esperan mi mujer y mi hija y no chocamos nuestras palmas. Estos casi dos kilómetros últimos se me hacen muy largos, sobre todo porque mentalmente pienso que están de más y el paisaje, en su mayor parte, no es muy agradable. Bueno, todo pasa, y enfrento la curva que nos lleva al parque y la meta. Esta vez lo hago bien. Y paro el cronómetro en el arco correcto, el de meta. Son 1:04:35, no está nada mal. Me sabe a gloria.

Ahora toca recoger la rodaja de melón y la bolsa del corredor. Pero se ha formado un apelotonamiento. Pasan los minutos y no avanzamos. Hay parece tres salidas, una por talla de camiseta. Pienso en que debo estirar, en que debo beber algo, que me estoy quedando frío... Y empiezan a anunciar los premios para los chavales que han corrido antes que nosotros. Los van llamando. De pronto llaman al 112, repetidas veces, pero el dorsal 112 no aparece...ehh no es al dorsal, llaman a urgencias del 112. Parece que a un trabajador le ha dado un mareo, jamacuco dice el locutor, pero no parece grave.

Seguimos esperando el melón. Por fin empieza a despejarse. Cojo mi
bolsa de corredor y mi melón, ¡uuhhhmmm, qué rico!

Me pongo la camiseta que han regalado, que es de mi talla, y estiro un poco. No veo a ningún conocido. Cuando ya nos vamos aparece Pablo. Me alegra verle. Charlamos sobre la carrera y algún que otra fantasía de corredor que tengo. Comentamos nuestros próximos objetivos y me dejo convencer para correr la del CSIC.

En definitiva, una carrera que me ha gustado. Por ser gratuita, por que había público animando, porque éramos muchos los corredores y porque la he terminado con buenas sensaciones y esperanzas de seguir remontando. Y me la apunto también para el año que viene.



sábado 6 de septiembre de 2008

¡Qué dura se hace la vuelta! Mis vacaciones estuvieron muy bien, allá por julio en Noruega. Y la vuelta al curro resultó apoteósica. En fin, que apenas tengo tiempo para nada. Y dado que esto va a seguir así por un tiempo, el blog y la navegación lo van a notar.

Menos mal que aún logro sacar algunos ratos para el entrenamiento y esas cosas. La pierna derecha sigue a lo suyo, que ni mal ni bien. Y yo sigo en lo mío, pesas y correr un poquito más cada día, aunque sea a paso tortuga.

Me he inscrito en "La Melonera", que correré por primera vez. Me hace gracia eso de que te den una rodaja de melón. Así que ya he apalabrado la mía. Esta carrera la tengo dentro de la categoría de carreras del barrio, pues aunque no es exactamente de Vallekas, Méndez Alvaro es vecino de toda la vida.

La siguiente carrera de barrio a la que estoy pensando inscribirme es la de "San Claudio", pero aún no estoy seguro, ya que su dureza y la interrupción de entreno que voy a tener antes de la misma me hacen dudar.

En fin, que empiezo esta nueva temporada con ilusión y con ganas de hacer bastantes diezmiles.