jueves 18 de marzo de 2010

Atocha - Vallekas. Lecciones.



Hoy tocaba hacer un recado: recoger en Atocha los billetes de tren para el fin de semana, así que decido que el entrenamiento de hoy va a ser volver desde la estación de Atocha a casa, y menos mal.

Se supone que una vez que compras los billetes por teléfono, basta con estar al menos veinte minutos antes en la estación para acercarse al quisco o taquillas, dar el código y los billetes físicos te son expedidos y al tren. Pero uno desconfía algo de las organizaciones y de su sino. Así que por eso me fui a por ellos con un día de antelación. Y menos mal. Primera en la frente, hay dos oficinas de billetes, una para los trenes del día, y otra para la venta anticipada. Si no lees detenidamente los letreros del frontispicio, tras esperar tu cola, te dicen que vayas a la siguiente oficina de taquillas, la de venta anticipada, aunque ya estén vendidos y sólo quieras la emisión.

En la oficina de taquillas de venta anticipada una cola enorme, coges el ticket del turno y a esperar, como en la compra. En esto te das cuenta que tienes como para casi una hora, y entonces dices donde diablos estarán las maquinas automáticas. Sales de la oficina de taquillas, preguntas a un señor vestido de gris, serio y que está como mirando tranquilamente, le dices que si es de Renfe y te informa de que no y de va a cambiar de sastre, que ya es la tercera vez que le preguntan. Preguntas a uno de seguridad y te dice que arriba. Una vez en el ascensor, te das cuenta de que arriba son dos plantas, pruebas en la segunda, porque siempre es mejor bajar a la primera que subir, y no es. A bajar. Vaya suerte. En la primera planta un montón de máquinas a lo lejos y mucha gente. Te acercas, ves algunas máquinas fuera de servicio, con el pantallazo azul de Windows. Esperas cola, ya te toca. Pantalla táctil algo insensible. Te pide el código, lo das. parece que funciona, primer billete, segundo billete, tercer billete...yyy???? qué pasa???? horror, la máquina te dice que lo vuelvas a intentar más tarde o en otra maquina. Nuevamente cola, otra vez el código y otra vez se bloquea...no es por nada...pero funciona con Windows.

Te precipitas a la escalera, siempre llena de gente y con la duda de si la cola de la que sacaste tu ticket no se habrá puesto a correr y has perdido turno...pero tranquilidad...ahí sigue, no ha avanzado mucho. Esperas, esperas, y esperas. Al fin te toca. Una empleada amable te atiende, le cuentas tu problema. Y te dice que vaya pena, que he esperado de balde como el chico de delante, que en casos de estos el servicio de atención al cliente lo hubiera solucionado de inmediato y sin colas. Te lo dice tan amablemente y con tanta empatía que se te quitan las ganas de ... en fin, me da los billetes en un pis pas y aprendo la lección: Coger los billetes el día antes, y si hay problemas, ir directamente a atención al cliente.

Correr por área urbana a las siete de la tarde por zonas de mucho tránsito no deja de ser una aventura arriesgada y con más trampas que el zurrón de Daniel Boome. Por lo que también me ha servido para aprender varias lecciones, ya que nunca antes me había sucedido. A saber. Tener cuidado con las obras. Las aceras están llenas de ellas, si no es un tablero, es un andamio o una valla que se interpone en tu camino o la estrecha hasta hacerla intransitable o tirarte directamente al asfalto y su tráfico. Pero si no hay obras, las aceras siguen siendo un problema, están llenas de agujeros, baldosas en mal estado y resaltes en los que te puedes dejar un pie. Hay que tener cuidado con los peatones, hay muchísimos, no te ven venir, no saben que vas por ahí corriendo y te los puedes llevar por delante, por lo que si quieres ser respetuoso y evitar accidentes, hay que estar atento y de vez en cuando tendrás que frenar bruscamente o hacer fintas con peligro de tu equilibrio. También se descubre la cantidad de gente que sale de los portales con embalajes alargados y que de repente aparecen justo delante de ti, sin apenas tiempo de esquivarlos. También de que ha salido algo de sol y algunas mujeres se han quitado el abrigo, están espléndidas y hay que ir atento a la carrera para evitar distracciones. Que al entrar en los garajes, o en giros, los conductores no siempre miran a todos los lados y te llevas un susto. Que cruzando la calle, un coche trata de esquivar un bache y se te echa encima, llevańdote otro susto.




Y finalmente descubres que le has cogido cariño a la cuesta de la Albufera y cuando apechugas con ella te notas en casa, a salvo de todo peligro, suben las pulsaciones, te falta el resuello, pero es LA CUESTA, tu cuesta y aunque deseas que acabe, no quieres dejar de correr por ella, porque eres un corredor vallekano y la subida de la Albufera ya es parte de ti, de tus miedos, de tus logros y alegrías. Y juras que nunca volverás a hacerle el feo de bajarla sin subirla después. Y a cambio ella estará siempre a tu lado, cuando te falten las fuerzas, cuando parezca que vas a hundirte, te vendrá a mientes para recordarte las muchas veces que has corrido por ella y a decirte ¡ánimo, resiste ! Sólo una milla más, piensa en mí y yo te llevaré hasta la meta.

7 comentarios:

Jose Ignacio Hita Barraza dijo...

Yo también tengo esa sensación, cuando cruzas el puente y te sientes como en casa, mola un huevo! :)

mayayo dijo...

Antológico ese último párrafo, Alfonso. Y hasta ahí, un verdadero sainete madrileño, :-)

Pablo dijo...

Los itinerarios queridos dejan una cicatriz indeleble en el cerebro, basta encarrilar metafóricamente los vagones en la cicatriz para que el itinerario y las piernas fluyan juntos hasta la meta.

Carlos dijo...

Preciosa entrada Alfonso. Algo de agradecer, que a veces eres algo escueto, jejeje... Eso sí, tanto trajín, idas y venidas, me han entrado los sudores... Ufff...

Un abrazo. ;-)

Tecolinha dijo...

:-)
¡Qué bonito!
Me ha encantado esta entrada.
Lo de la cuesta me ha emocionado y todo. Aunque no nací en Vallekas, ya sabes que soy un poco vallekana porque mi primera carrera popular fue San Claudio, subiendo esa cuesta. Qué bonito cuando explicas lo de "no hacerle un feo". El otro día en la CCC creo que fue la primera vez que la corrí bajando. Así que le debo la subida ;-)

Lo de Atocha, uf, ¿por qué no pruebas en Chamartín?. Hay mucha menos gente siempre y más empleados atendiendo. Más orden, espacio y tranquilidad.

Un abrazo.

Commedia dijo...

¡Qué piropos le echas a la cuesta de La Albufera! Pero bueno, ¿tú de dónde eres? ;-)

Lo de tu vuelta a casa desde Renfe parece una de esas sesiones de fartlek con tanto cambio de ritmo y obstáculos.

La venta de billetes por internet funciona aunque, eso sí, ya no habrías tenido excusa para correr.

santi palillo dijo...

Supongo que al final saldrias de fin de semana porque te dieron los billetes correctos.

El final parecia una declaracion de amor tras ponerle cuernos a la cuesta, ay que tendran las cuestas que nos gustan tanto!.